Gobierno corporativo

Manifiesto de Davos 2020: Tendencias empresariales en gobierno corporativo

La semana pasada tenía lugar la cita anual de líderes mundiales en la pequeña ciudad de Davos. Este año han sido siete los grandes temas alrededor de los cuales ha girado la agenda de Davos, concentrando a más de 800 speakers y 3.000 participantes de 117 países distintos. Uno de ellos está directamente relacionado con la forma de hacer negocios, marca tendencias en gobierno corporativo y ha acaparado buena parte de las sesiones y artículos producidos, hablamos de “Better Business”.

Hace tiempo que la sociedad demanda de las empresas mucho más que la creación de valor para el accionista formulada por el Premio Nobel Milton Friedman. Ya en 1973, el primer Manifesto de Davos formulaba una concepción diferente poniendo a la empresa al servicio de todos sus stakeholders, incluyendo a todos aquellos que estaban “at stake”: clientes, empleados, proveedores, gobiernos y sociedad. Esta tendencia se ha ido asentando y convirtiendo en una exigencia a las empresas. Así lo demuestran las cartas anuales de Larry Fink, consejero delegado de Blackrock, o la declaración de la Business Roundtable sobre la redefinición del próposito de la empresa el verano pasado.

“Better Business” se ha centrado en aterrizar cómo los objetivos sociales y medioambientales deben estar a la misma altura que la rentabilidad económica, cómo de verdad todos los stakeholders son tenidos en cuenta a la hora de fijar prioridades. Y se ha recogido en un nuevo Manifesto de Davos 2020 que pone el acento en la sostenibilidad a largo plazo.

El primer punto del Manifesto de Davos nos dice cómo el propósito de la empresa debe ser comprometer con todos sus stakeholders una creación de valor compartida y sostenible, de modo que se refuercen las decisiones y las políticas que retornen valor a largo plazo. Para ello, hay que considerar y priorizar las verdaderas necesidades de nuestros clientes, tener tolerancia cero con la corrupción, tratar a los empleados con dignidad y respeto, promoviendo la mejora en las condiciones de trabajo y el bienestar de los trabajadores, fomentando una formación continua a todos los niveles, considerar a los proveedores como verdaderos partners en la cadena de valor, servir a la sociedad y a la comunidad, pagar unos impuestos justos y razonables, asegurar un uso adecuado y seguro de la información y actuar como guardián en temas medioambientales para las futuras generaciones. Además de todo lo anterior, la empresa proveerá a sus accionistas de una rentabilidad que no sacrifique el largo plazo en favor del presente.

A continuación, se recoge cómo la empresa es mucho más que una unidad generadora de riqueza, que juega un papel en el bienestar social, haciendo hincapié en que la remuneración de los ejecutivos debe reflejar el cumplimiento de sus objetivos no sólo económicos, sino sociales, medioambientales y de buen gobierno.

Por último, el Manifesto de Davos 2020 se refiere a cómo la empresa multinacional debe ser un actor por sí mismo, junto a gobiernos y sociedad civil, que contribuya a mejorar el futuro de la sociedad y del mundo en colaboración con los demás agentes.

Cómo podemos ver, un paso más en la senda para construir un mundo más sostenible e inclusivo, respaldado por todos los asistentes, líderes empresariales, políticos, de la cultura y los medios de comunicación. Se perfila una nueva forma de liderazgo, que quiere dar respuesta a las demandas de los stakeholders, que prioriza propósito sobre rentabilidad y cuya implementación nos abre nuevos focos de acción. Un camino que necesita el apoyo desde los Consejos de Administración y que supone también avances en los modelos de gobierno corporativo.

Las empresas deben redefinir sus planes estratégicos, tener un propósito claro, incorporando nuevos objetivos sociales, medioambientales, que contribuyan a mejorar el mundo. Probablemente necesitarán nuevos perfiles que incorporar a sus Consejos de Administración para contar con todos los puntos de vista. Sin duda, harán falta nuevas métricas para medir el cumplimiento de dichos objetivos, que sean lo más estándares posibles y que permitan la comparabilidad. Serán necesarias acciones de formación continua para empleados y consejeros, y la incorporación y retención de talento no será tarea fácil.

Todas estas cuestiones nos conducen a un nuevo modelo de gobierno corporativo, que contemple las prioridades y objetivos de cada empresa y sea capaz de dar respuesta a todos sus stakeholders.

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