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Financiación climática en la agenda de los Consejos

En 1984 Amy L. Domini y Peter D. Kinder publicaban un libro titulado “Ethical investing”. En el capítulo 6 del citado manual se trataba la temática de invertir para el futuro y se lanzaba la pregunta de si alguien invertía pensando en el crecimiento. Para ello se ponían ejemplos como invertir en desarrollos de geotermia y sistemas de fabricación relacionados con la eficiencia energética y la protección al medioambiente entre otros. Los autores invitaban a reflexionar sobre si era más importante invertir pensando en la inmediatez o merecía la pena pensar en inversiones más pensadas para el largo plazo. Hoy el citado planteamiento refuerza su interés y pone en las agendas de los Consejos asuntos como la financiación climática.

Los organismos oficiales y los cambios en las estrategias empresariales

En el caso de la UE en tema de inversiones hoy los compromisos son claros a la vez que ambiciosos: reducción en la emisión de gases de efecto invernadero, incremento del consumo de energía renovable y mejora de la eficiencia energética.

Las empresas están reorientando sus productos y servicios a esta nueva realidad pues a medida que está creciendo la preocupación por el cambio climático, se observa un mayor interés por el crecimiento sostenible. Este crecimiento vendrá unido en muchos casos a la financiación climática.

La financiación climática (tanto pública como privada) entendida como un flujo de fondos destinados a financiar las actividades que ayuden a la sociedad a adaptarse a los efectos del cambio climático, definirá buena parte del escenario inversor de los próximos años. A modo de ejemplo, la Unión Europea está intensificando la financiación climática especialmente orientada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que se está traduciendo en una elegibilidad de las inversiones en función de su orientación hacia el crecimiento sostenible.

Tal y como señala la OCDE en su informe “Invertir en el Clima, invertir en el crecimiento”, un desarrollo respetuoso con el clima sentará las bases para un crecimiento sólido para la segunda mitad del presente siglo.  Y es que el triple reto de dinamizar el crecimiento a la vez que incrementar el bienestar y afrontar el cambio climático no es una cuestión únicamente en la agenda de los Gobiernos.  Tal y como revela el informe Global Justice Now de 2016 a partir de los datos de CIA World Factbook 2015 and Fortune Global 500, se puede observar que 69 de las 100 principales entidades económicas del mundo son empresas y solo 31 son países. También hay que destacar que cada vez es más evidente la concentración de poder en el sector tecnológico.

La importancia de la financiación climática en el futuro

Todo lo que está llegando nos recuerda ligeramente a las aproximaciones teóricas de Serge Latouche quien lleva años comentando en distintos foros que “hoy, el crecimiento sólo es rentable si su peso y precio recaen sobre la naturaleza, las generaciones futuras y las condiciones de trabajo” e invitaba a nuevos conceptos como “relocalizar”, “reciclar”, “reducir”, entre otros. Hablaba de la teoría del decrecimiento que hoy podría asimilarse a un crecimiento sostenible y hay que reconocer que sus teorías suenan mejor hoy que hace 40 años.

Analizando otros autores como Leonardo Ordoñez en su interesante estudio del desarrollo tecnológico de la historia, cuando exponía las tecnologías basadas en la información que el autor denominaba tecnologías que parecen “limpias e higiénicas” ya revelaba el poder de la información en esta nueva era. El poder de la información para poder tomar decisiones inteligentes en relación a los recursos, la producción de riqueza, la organización social y en general para dar solución a problemas cada vez más globales mediante las posibilidades que otorgaban las tecnologías. Pero a la vez, alertaba del peligro que podían suponer las mismas tecnologías sobre los distintos ecosistemas: en este sentido se hablaba del gran desafío del deterioro ambiental.

Tal y como publicó el Word Economic Forum en marzo de 2019, la población mundial se estima se acerque a 9 mil millones de personas para el año 2030, y estamos usando mayores recursos de los que el planeta dispone.

Afortunadamente, las empresas están apostando por la economía circular y se están reorientando a reducir recursos, reutilizar y reciclar y toda inversión debe estar alineada con un crecimiento sostenible.

Para alcanzar el ambicioso objetivo mundial de un desarrollo de bajas emisiones de gases de efecto invernadero a la vez que resiliente al clima, tanto las empresas como los gobiernos deben trabajar como se indicó en la convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático de 2015 en: la mitigación del cambio climático, la adaptación y la financiación. Y sobre este último punto, la financiación se indicaba de la urgente necesidad de situar los flujos financieros en un nivel compatible para alcanzar el ambicioso y urgente objetivo mencionado de protección medioambiental. Y esto es relevante empresarialmente hablando porque la financiación climática supone una oportunidad para las compañías para ser más competitivas pues como indicó Montalvo en 2011 con relación a la financiación climática “es una nueva forma de entender las relaciones económicas, comerciales y de cooperación entre países”.

Recordemos que el informe Stern en 2006 clarificaba el coste de inacción ante los riesgos de cambio climático que podrían alcanzar el 20% del PIB mundial (y no menos que el 5% en el mejor de los casos) frente al coste estimado de tomar acciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que se estimaban en un 1% del PIB mundial. Parece que desde todos los puntos de vista merece la pena actuar y todo parece apuntar a que la financiación climática es un punto vital en las relaciones empresariales en el futuro inmediato para alcanzar un futuro sostenible.

La OCDE recientemente ha publicado que entre 2016 y 2017 la financiación climática ha pasado de los 58.600 millones de dólares a 71.200, lo que supone un crecimiento del 21% y que el 75 % de dichos fondos son financiación pública. Gran parte de la financiación pública se canaliza a través de iniciativas de Naciones Unidas, la Unión Europea y bancos multilaterales de desarrollo. En cuanto al papel del sector privado en la financiación climática, será crucial. En este sentido se esperan fuentes potenciales de financiación de la mano de banca comercial, aseguradoras, fondos de pensiones, etc. que quieran entrar a promover proyectos en este nuevo entorno de generación de riqueza sostenible y de protección del medioambiente. Y es que la tendencia es cada vez mayor a destinar un mayor volumen de recursos a la financiación de iniciativas vinculadas con el cambio climático. Sin duda un punto importante para considerar en la agenda de los Consejos.

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