Consejo de Administración

La importancia de los principios de ética y cumplimiento en la agenda de los Consejos

El 24 de marzo de 1997, el Gobierno de España designaba a los miembros de una Comisión especial para un doble propósito. En primer lugar, deberían redactar un informe sobre la problemática de los Consejos de Administración de las sociedades que apelaban a los mercados financieros. En segundo lugar, se encargarían de la elaboración de un código ético de buen gobierno de carácter voluntario por parte de las sociedades cotizadas. Esta comisión estaba presidida por D. Manuel Olivencia Ruiz.  Nacía ese mismo año el primer código de buen gobierno o código Olivencia. Entre las recomendaciones que se establecían en dicho código, a modo de ejemplo, se encontraban: la separación de gestión y propiedad de la empresa y la creación de comisiones delegadas de control para garantizar la supervisión del órgano de administración.

Posteriormente, en el 2002, se creó la comisión presidida por D. Enrique de Aldama y Miñón, cuyo propósito básicamente giraba entorno a informar sobre el grado de avance e implantación del código Olivencia, incrementar la protección y seguridad a los accionistas e inversores y aumentar la transparencia de los mercados. En enero de 2003 se publicaba el informe Aldama o “Informe de la Comisión especial para el fomento de la transparencia y seguridad en los mercados y en las sociedades cotizadas”. En dicho informe, se hacia especial hincapié en el principio de transparencia, el deber de informar, el principio de seguridad, y el deber de lealtad y diligencia del consejero. Todo lo anterior resaltado por la importancia del marco ético del Gobierno Corporativo y en donde ya se evidenciaba que la actividad empresarial debe acontecer en un clima de confianza necesario para garantizar la eficiencia en la empresa y el progreso social.

En este sentido, se argumentaba que las leyes y los códigos de buen gobierno deben ir siempre acompañados necesariamente de competencia profesional y ética en el comportamiento. De consideración que los valores éticos tradicionales se constituyen como imprescindibles en el qué hacer empresarial apelando a la ejemplaridad de los administradores en el respeto a los valores éticos y a los principios corporativos.

En las últimas décadas, las empresas han ido transformándose desde una cadena de valor interna hasta una cadena de valor cada vez más extendida hacia todos los grupos de interés. La búsqueda de la diligencia y el buen desempeño de la actividad empresarial hoy es una exigencia que emana de todos los grupos de interés (accionistas, inversores, clientes, proveedores, entre otros). Lo anterior, está provocando que en las agendas de los consejos los conceptos de ética y cumplimiento sean un tema vital.

La relevancia de la ética y cumplimiento en la revisión del Código de buen gobierno

En junio de 2020 en España la Comisión Nacional del Mercado de Valores publicó la revisión del Código de buen gobierno de las sociedades cotizadas (de febrero de 2015). Las novedades básicamente giran en torno a 3 cuestiones: un nuevo formato que permite casar principios con recomendaciones concretas y específicas, la incorporación de recomendaciones de 2006 a normativa legal (por lo que no forman parte de este código) y la inclusión de recomendaciones de responsabilidad social corporativa.

En todo el texto se evidencia como todos los consejeros, con independencia de cuál sea el origen o la causa de su nombramiento, deben tener como propósito común la defensa del “interés social”. El interés social queda definido en el documento como “la consecución de un negocio rentable y sostenible a largo plazo, que promueva su continuidad y la maximización del valor económico de la empresa”.  El enfoque hacia la sostenibilidad y el largo plazo muestra a la responsabilidad social corporativa como un concepto más relevante que en épocas pasadas.

La integridad en los negocios pasa a ser una cuestión prioritaria: afecta a la reputación empresarial, siendo esta uno de los mayores valores que tiene una compañía. Se promueve las mismas reglas de juego para todos, en un entorno empresarial en el que los grupos de interés deben estar coordinados de manera perfecta para asegurar la sostenibilidad en los negocios (pensamiento integrado de los grupos de interés).

Lo anterior, conduce a las empresas a una nueva realidad en la que ya no es suficiente con informar y velar por los asuntos financieros sino también, estas deben cuidar otros aspectos que, sin ser financieros, inciden de manera directa en la obtención de rentabilidad, en asegurar la sostenibilidad y en generar valor empresarial. Estos aspectos serían las cuestiones medioambientales como reducir la contaminación, luchar contra el cambio climático, asegurar la biodiversidad, y en general una apuesta por la economía circular. También se contemplarían temáticas relativas a la organización del trabajo y las relaciones sociales, la formación, la accesibilidad y la igualdad a modo de ejemplo. También deben contemplarse las medidas encaminadas a asegurar el respeto de los derechos humanos y los procesos de diligencia encaminados a asegurar dicho respeto y medidas para mitigar y gestionar posibles incumplimientos. Entre los aspectos no financieros, también se encuentran las medidas para luchar contra la corrupción y los compromisos para una mejor interacción con los diferentes grupos de interés, entre otros.

Cabe destacar llegados a este punto, la importancia de contar con un buen código ético de conducta en la organización. Este, constituye una herramienta eficaz para asentar la cultura y los valores empresariales, a la vez que permite guiar éticamente los procesos de toma de decisiones.

Los valores de una compañía son parte de su proceso de introspección para fijar el futuro de esta. Estos valores deben ser cuidadosamente seleccionados, pues constituyen una de las mejores guías para orientar el rumbo empresarial hacia la creación de riqueza. Los valores que generan confianza y reputación son intangibles que cada vez tiene más peso en la propuesta de valor de las compañías. La ética empresarial muestra el camino tanto en las épocas de crisis como en las de prosperidad, pues permite trazar un camino del que las empresas no deberían alejarse en la permanente búsqueda de un futuro sostenible. El Consejo, sabe que sin ética no hay rentabilidad que perdure, y en su deber de diligencia, los principios de ética y cumplimiento le acompañan como una cuestión vital en su agenda.

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