Gobierno corporativo

Cuestiones que el Consejero contempla en un entorno creciente de intangibles

La creación de valor para el accionista es el principal indicador para medir la rentabilidad de una empresa. Todas las opiniones suelen coincidir en que invertir en activos que generen valor es la clave para asegurar la supervivencia de una compañía, ahora bien, en qué tipos de activos hay que encauzar los esfuerzos es donde se sitúa el debate. Observando distintos estudios sobre este tema, todo parece apuntar que el valor de las compañías cada vez se sitúa más en el intangible que en el caso de las grandes corporaciones a nivel mundial refleja más del 80% de su valor.

En cuanto a la realidad intangible, hay diversas clasificaciones, pero de una forma sencilla podríamos hablar de derechos, relaciones, patentes, gestión del conocimiento y propiedad intelectual.  Hoy nadie duda del gran valor de las marcas comerciales, las bases de datos, las imágenes y la reputación de una compañía (con seguridad lo más relevante), por citar algunos ejemplos.

En una economía en la que la única certeza es la incertidumbre (tal y como ha señalado en más de una ocasión Zygmunt Bauman) el activo intangible conocimiento y su gestión es un útil camino para la obtención de claras ventajas competitivas. No obstante, una de las grandes cuestiones entorno al valor de los activos intangibles radica esencialmente en la dificultad para su reconocimiento y valoración ante la falta de instrumentos claros para su detección y correcta medición.

Uno de los activos intangibles más relevantes generadores de valor en las empresas es el capital intelectual y este ha sido definido por varios autores desde varias ópticas pero todos coinciden que este concepto lleva asociado la capacidad para adaptarse, la agilidad, las relaciones de confianza con clientes y proveedores, las marcas, los procesos, la capacidad de investigación, desarrollo e innovación, el conocimiento y en resumen, incluye a aquellos conceptos que a pesar de no estar reflejados en los estados financieros de una organización, influyen en la generación de valor de la misma. Y es este capital intelectual el que enlaza con todos los grupos de interés permitiendo un pensamiento integrado con el propósito de generar el máximo valor para la compañía.

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En relación con cómo observar la contribución del capital intelectual a la creación de riqueza de las sociedades destaca el modelo de Edvinsson de finales de los 90.

En este modelo el autor desagregaba el activo conocimiento en activo capital humano y activo capital estructural. A su vez, el capital estructural lo subdividió en capital organizativo y capital relacional. Conforme a este modelo, mientras el capital humano mediante actitud, competencias y agilidad intelectual contribuye a la innovación empresarial, el capital estructural se encarga de que el conocimiento se quede en la empresa cuando el empleado no siga en la misma: el capital organizativo (organización de operaciones, procesos internos y cultura corporativa), y el capital relacional (relaciones con los grupos de interés).

En cuanto al capital organizativo, hoy las compañías españolas tienen un importante recorrido de mejoría en este último punto a tenor de los resultados que se desprenden de varios estudios entre los que destaca el de IVIE y COTEC de 2019 sobre la Economía Intangible en España. También se resaltaba en dicho estudio que la posición en cuanto a I+D+i si se comparaba con países como Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Finlandia o Suecia, debía mejorar sustancialmente.

Para la Asociación de consultoras españolas especializadas en la financiación de la I+D+i (AFIDI), algunas de las variables que afectan a la inversión en I+D+i en España serían la falta de unidad del mercado interior, el menor tamaño de las empresas españolas frente a los países vecinos y la falta de transferencia del conocimiento de I+D+i a la innovación empresarial. Para Aleix Pons, “las barreras a la innovación no están solo en el presupuesto, también están en la regulación”.

Considerando que hay evidencias conforme las actividades de I+D+i inciden en la generación de externalidades positivas y contribuyen al crecimiento económico y a la productividad de un país, la colaboración público-privada en este ámbito resulta una herramienta esencial en España para poder fomentar esta oportunidad de generar valor en nuestro tejido empresarial y hacerlo más competitivo.

En España las fórmulas encaminadas a obtener la mejor contribución del capital intelectual para generar el máximo valor en nuestras compañías deben pasar por revisar la inversión en innovación y aunar esfuerzos en la mejora de procesos, el posicionamiento de marca, la satisfacción del cliente, la agilidad y reforzar las relaciones de confianza ante los distintos grupos de interés. En otras palabras, perseguir lo que Jonathan Low en 2004 definía en su obra como “La ventaja invisible”.

Dentro de los activos intangibles no podemos menospreciar encontrar buenos logaritmos para obtener los patrones de comportamiento de nuestros clientes o la forma de hacer las cosas de nuestra compañía. Debemos ser capaces de analizar la gran contribución que tienen los activos derivados del conocimiento a la generación de cash flow operativo de las corporaciones.

Es por lo anterior que podemos decir que estamos en tiempos en los que la gestión de personas y los activos intangibles son los que marcan la diferencia en las organizaciones tal y como se desprende del informe de PwC (2019) sobre Consejos de Administración de las empresas cotizadas.

En España, tenemos casos muy notorios en generación de valor vía activos intangibles de la mano de compañías como Inditex y Telefónica, que entre sus mejores prácticas hablan de generación de competitividad vía organización, valor de la marca, talento para organizar las habilidades de los empleados, capacidad de innovación, entre otros.

En cuanto a la presencia exterior de la economía española en el mundo, todo parece apuntar a que las empresas españolas gozan de capacidad necesaria para preservar y potenciar su capital intelectual por lo que se deberán seguir uniendo esfuerzos en esta importante misión.

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